sábado, 17 de diciembre de 2016

¿Sabemos lo que comemos?

Cuando vamos a comprar es importante fijarse en la etiqueta, no solo lo que pongan "las letras grandes" del envase. Es la única herramienta valiosa que tenemos los consumidores para saber qué es lo que llevamos a nuestra boca y así, poder decidir al momento de comprar.

En ocasiones la etiqueta se limita simplemente a decir lo mínimo que la ley exige que ha de indicar, pone en "letras grandes" todo aquello que su producto lleva que se puede considerar “saludable” , en muchos casos son cosas obvias que no aportan nada a la información del producto, pues indicar que la leche lleva calcio o que el zumo de naranja tiene vitamina C resulta algo redundante.




También indica con letras grandes lo que no lleva, por ejemplo “Sin gluten”, como si el gluten fuera malo, ¡claro que no ha de llevar gluten! si estamos hablando de un alimento que no es un cereal, ¿por qué ha de recalcarlo?, simplemente porque sabe que la sociedad está sensibilizada por la palabra “gluten”, como si el gluten no fuera también una pieza importante en la alimentación, bastante tienen aquellas personas que por padecer intolerancia a esta proteína no pueden tomarla.

Y ponen en "letra pequeña", casi ilegible, el verdadero "monstruo", aquellos ingredientes que perjudican la salud, el exceso de sodio, de azúcares, conservantes, colorantes, saborizantes, espesantes, y todos los "-antes" que suelen llevar la comida industrialiazada.

En definitiva una obra maestra de marketing de las fábricas alimenticias, que ha sabido hacer muy bien su trabajo, el nuestro, es estar informados y saber que necesita nuestro cuerpo y cuanto y en que forma se lo estamos proporcionando.

Por todo ello, para ayudar a nuestra salud deberíamos seguir estas seis reglas para que verdaderamente puedas comprar alimentos saludables:

1. Presta atención al tamaño y a las porciones. No hay que dejerse llevar por la emoción al ver que esa bebida o alimento que quieres comprar sólo tiene 100 calorías. Busca en la etiqueta o en el recuadro de información nutricional a qué volumen o porción del producto corresponde ese conteo. 
De esa manera sabes exactamente cuántas calorías estás ingiriendo. Pero bajo en calorías no es necesariamente bueno para tu salud si el producto no te proporciona los elementos nutritivos que necesitas o te deja con hambre y sed hasta la próxima comida. El objetivo es lograr el equilibrio y la variedad en la dieta.


2. No todo lo que brilla es oro.
Algunas etiquetas le atribuyen como “saludable” alguna característica que simplemente no existe, o le adjudican un valor pero ocultan otro. Por ejemplo: algunos embutidos que afirman que está “libres de nitratos”, por lo general contienen zumo o jugo de apio, que es una fuente natural de nitratos. Otros aseguran que “no contienen azúcar”, pero tienen algún jarabe rico en azúcares. Y hay aquellos cuyas etiquetas indican que no contienen “grasas trans”, pero no aclaran por cuál otra grasa las sustituyeron. 


3. Bajo en grasa y rico en calorías. Un estudio realizado en 2006 demostró que las personas, especialmente aquellas con sobrepeso, tienden a consumir hasta un 50% más de calorías cuando comen las versiones de alimentos cuyas etiquetas aseguran estar “bajos en grasa”. Y es que aunque la etiqueta indique que un producto es bajo en grasa no significa necesariamente que también sea bajo en calorías. De hecho, muchos alimentos etiquetados como bajos en grasa tienen sólo 30% menos calorías que sus contrapartes. Para tomar una decisión correcta, compara el alimento que quieres comprar que dice “bajo en grasa” con uno similar pero sin esa etiqueta.

4. Ojo con el sodio. ¿Sabías que la mayor parte del sodio en nuestra dieta proviene de los alimentos envasados ​​y procesados? Incluso los productos más saludables tienen que añadir conservantes como el sodio, para que duren. Recuerda esta cifra mágica: la Organización Mundial de la Salud recomienda que no excedamos un consumo diario de 2000 mg de sodio. Si un producto tiene 500 mg de sodio ¡estás consumiendo una cuarta parte de la cantidad diaria en un solo alimento!

5. ¡Cuidado con el azúcar! Muchos productos que resaltan sus cualidades de “saludables” en sus etiquetas, usan el zumo de caña evaporado y el jarabe de arroz (entre otros elementos ricos en azúcares) como edulcorantes en lugar del jarabe de maíz de alta fructosa. Son igual de nocivos. Ten cuidado con todos los ingredientes que substituyen el azúcar, o que quieren “disfrazarla”.

6. Orgánico no es sinónimo de saludable. Que un alimento sea descrito en una etiqueta como “orgánico” no implica automáticamente que sea más saludable, pues aún no hay estudios científicos que avalen esta aseveración. Además, muchos alimentos orgánicos a veces son fritos, o contienen aderezos que aumentan su valor calórico.


Cuando realizamos nuestra compra deberíamos tener en cuenta esto aunque nos lleve más tiempo realizarlo ya que lo primero siempre es la salud. 

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